Relaciones Cuba-EEUU, avanzan favorablemente pero queda un largo camino por recorrer

12/02/2015

Un nuevo horizonte se ha abierto para los cubanos desde que el pasado 17 de diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro y Barack Obama anunciaran conjuntamente el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y EEUU, rotas desde hace más de cuatro décadas.

El anuncio, coincidente con la festividad de uno de los santos más venerados en esa tierra, San Lázaro o Babalú Aye “el que abre los caminos”, colmaba de esperanzas los corazones de los cubanos, en momentos de gran incertidumbre económica para el país -con Venezuela, principal socio comercial de la isla- sumida en una profunda crisis económica.

Y es que aunque en los últimos años, la economía cubana ha experimentado una ligera mejoría -gracias a las medidas adoptadas por el gobierno, como la liberalización de ciertos trabajos por cuenta propia; la eliminación de las restricciones para viajar, y la apertura a la inversión extranjera- nada como esta noticia para inyectar un poco de entusiasmo al pueblo cubano, abrumado por años de penalidades.


No hay que olvidar que más allá de las diferencias políticas, los lazos entre ambos países se remontan en la historia y se mantienen vigentes en la actualidad por los más de dos millones de cubanos residentes en territorio americano, una cifra que no para de crecer por cuenta de la Ley de Ajuste Cubana, que permite a los nativos de ese país adquirir la residencia tras tocar suelo americano.

Precisamente este colectivo de inmigrantes resulta beneficiado con los cambios, pues uno de los puntos que incluye el paquete de medidas es la eliminación de las restricciones para viajar ya que hasta entonces sólo se les permitía visitar la isla una vez cada tres años. Asimismo, el aumento en el límite de las remesas familiares, de 500 a 2.000 dólares por trimestre, es otra de las medidas que les favorece e indirectamente podría significar un ingreso de $ 370 millones de dólares sólo en este año para Cuba, según estiman expertos economistas.

Aunque por el momento las leyes americanas no contemplan la liberalización del turismo de masas hacia Cuba, las medidas contemplan doce categorías de viaje autorizado de las cuales podrán beneficiarse los estadounidenses que deseen visitar la isla. Estas categorías (estudiantes, deportistas, miembros de ONGS, etc.) son suficientemente abarcadoras como para que se prevea una oleada de norteamericanos deseosos de conocer ese destino exótico que es para ellos Cuba.

Dichos visitantes podrán gastar en la isla hasta $10.000 en remesas familiares o de otra índole, lo cual se podrá hacer usando sus tarjetas de crédito y débito americanas. A propósito, una de las empresas financieras más potentes, MasterCard ya fijó en el 1º de marzo el inicio de sus operaciones en Cuba, iniciativa a la que se han sumado otras como American Express, considerada una de las mayores del mundo con más de 1700 oficinas en más 130 países.

Pero no son estas las únicas empresas americanas interesadas en posicionarse en Cuba, compañías navieras como Royal Caribbean o Carnival Corporation, aerolíneas como American Airlines (AA) que ya volaba a Cuba, la cadena hotelera Marriot International; la corporación Caterpillar, líder mundial en la fabricación de maquinarias para la construcción y equipos de minería, motores diesel y turbinas industriales.

De la misma manera marcar conocidas como Pepsi Cola y hasta Coca Cola han dado a conocer su disposición de operar en el mercado cubano equivalente a 11,5 millones de habitantes con una avidez de consumo y unas necesidades de materiales básicos importantes.

Ante este panorama tan optimista cabe preguntarse: ¿y por qué, si era la solución, no se había tomado antes una decisión como esta? La respuesta apunta a que hasta ahora no se habían dado en la isla las condiciones político-sociales para permitir una apertura de tal grado.

La llegada de Raúl Castro y sus medidas reformistas al poder fue fundamental, pues su hermano, el ex presidente Fidel Castro, era más reacio a establecer nexos con sus homólogos americanos. Al mismo tiempo, la administración Obama, y su perfil dialogante ha sido vital para llegar a este punto de las negociaciones. El mandatario norteamericano ha expresado en sus discursos que las medidas coercitivas como el embargo económico y financiero “no han dado resultados”.

De este modo, tras un año y medio de visitas gubernamentales más o menos secretas, hemos llegado a este momento en el que todo son expectativas, pero aún queda un largo proceso, no exento de trabas de uno y otro lado como se puso de manifiesto en el discurso pronunciado en la cumbre de los países de América Latina por el presidente Raúl Castro.

El mandatario isleño exigió a Estados Unidos, entre otras medidas, levantar el embargo, entregar el área que ocupa la Base Naval de Guantánamo y eliminar a Cuba de la lista de países que patrocinan el terrorismo. A esta petición se sumó más tarde la de que se elimine la Ley de Ajuste Cubano o “Ley de los pies secos-pies mojados”, efectuada por la responsable de las negociaciones Josefina Vidal, a su homóloga norteamericana Roberta Jacobson.

Hasta el momento ninguna de tales reclamos ha recibido respuesta favorable por parte de la administración Obama, quien se apresuró a contestar que la Base Naval no es negociable. Y no faltan los detractores de su gestión, entre los republicanos más rancios y el exilio más recalcitrante, que afirma que el presidente está inyectando al gobierno cubano nuevas energías, sin que éste haya dado muestras de avance en el terreno de la democracia.

Aún es pronto para saber qué giro tomará este sainete, pero a juzgar por los ruidos que esta vez ha traído aparejado, parece que el proceso que se inició el 17D es imparable. 

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