Editorial 332: La lacra de la violencia de género

27/11/2018

Entramos al último mes del año. Y el dicho típico de la época decembrina, “que rápido pasa el tiempo”, y sí, indudablemente los días vuelan, las horas se hacen cortas para la cantidad de planes que, quizá se queden en el tintero para el próximo año.
Este 2018 se está diluyendo y con él las impactantes noticias que no quisiéramos contar, ni leer en los medios de comunicación y en las redes sociales. Me centraré en la lacra de la violencia machista que sigue haciendo estragos en nuestra sociedad. Lamentable ha sido el último asesinato perpetrado en una reconocida tienda de muebles de Palma.

No hace menos de dos meses elaboramos un informe para este periódico sobre la violencia de género. Recuerdo las declaraciones de Lucía Segura, Directora General de Igualdad, Juventud y Derechos Cívicos del Ayuntamiento de Palma. Una frase que me quedó en la memoria y la reproduje en el titular de la noticia. “No son víctimas de violencia de género, simplemente son mujeres sobrevivientes”.

Y es que aunque los altos cargos políticos cargados de buenas intenciones pongan en marcha desde sus respectivas áreas campañas con mensajes en defensa de los derechos de la mujer, la igualdad de género e iniciativas como el servicio de atención integral a la violencia machista, todo apunta a que esta lacra sigue haciendo de las suyas.

Nos encontramos con escenarios devastadores como el del pasado fin de semana. No solamente un asesinato, sino cuatro menores a los que se les ha arruinado la vida para siempre, dos hijas huérfanas de madre y otras dos destruidas por la barbarie cometida por su propio padre. Es de las situaciones más incomprensibles, nada tiene perdón cuando se sega vida de una persona inocente arrastrando para siempre de paso con el presente y futuro de menores de edad, traumas imposibles de superar desde ya y por supuesto para el resto de sus vidas.

Quedan en el aire varias preguntas como la necesidad de hacer una reforma integral a las leyes que no solamente castiguen al maltratador, sino que los protocolos de actuación sean eficientes a la hora de denunciar amenazas a las víctimas. En el caso de Sacramento Roca y en el de muchas otras mujeres asesinadas hay evidentes indicios de que los procedimientos a seguir están fallando.

Pero no se necesita que la sangre corra cuando alguien obsesionado acose a su pareja o ex pareja. La intimidación es el preámbulo al crimen. Por lo tanto, las leyes no tendrían que ser tan condescendientes con quienes se convierten en una amenaza social.

En la entrevista con Segura también se refería a las edades y procedencias. La violencia machista no entiende de edades ni de procedencias. Una señora denunció a su marido después de toda una vida de convivencia. Al cumplir los 70 años no aguantó más el infierno que vivía. Otras mujeres originarias de Sudamérica también aguantan verdaderos calvarios, algunas por desconocimiento de la ley, aunque sea difícil de creer por llegar a un país desconocido, e incluso algunas sin estar regularizadas administrativamente, les cuesta trabajo denunciar al maltratador.

Casos al por mayor que no son denunciados a pesar de las campañas de dejar el miedo a la denuncia. Falta bastante por avanzar. Esperemos que todos estos mensajes en contra de la violencia machista sigan multiplicándose y los encargados políticos desde las respectivas áreas de igualdad no cesen en su empeño de seguir trabajando, ayer fue asesinada en Huesca otra mujer, ¿qué nos seguirá deparando el presente y el futuro?. No hay que bajar los brazos, gobierne quien gobierne, es un tema complejo que no se debe descuidar, las jóvenes generaciones también son víctimas colaterales de esta lacra.



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