
| Las consecuencias de la falta de un consulado (26/03/2009) |
Hace unos pocos días atrás conversando con Héctor Marano, presidente del Casal Argentino, me comentaba una historia que perfectamente se podría adaptar al guión de una película. Una pareja de esposos, compatriotas suyos, padres de un pequeño y ciudadanos de bien en todo el sentido de la palabra, viajaron desde Palma a Barcelona a tramitar los antecedentes penales en el consulado argentino, documento que se les exige a todas las personas que pretenden acceder a la figura del arraigo social.
Ambos están a punto de cumplir tres años de estancia irregular en España, y lo que más les interesa es arreglar su situación administrativa. A pesar de haber realizado con éxito el trámite en el consulado, no contaron con la misma suerte en el momento de embarcar en el Puerto de Barcelona de regreso a Palma.
Las autoridades abordaron a la pareja con el fin de solicitarles las respectivas identificaciones. Acto seguido fueron detenidos por estancia irregular en España, y actualmente pesa sobre ellos una orden de expulsión. Lo más seguro es que estos dos ciudadanos argentinos no hayan sido los únicos en vivir esta desagradable experiencia.
Sabemos que hay mucha gente que está a punto de cumplir los tres años para aspirar al arraigo social; no obstante también es de público conocimiento que la mayoría de países extracomunitarios no tienen consulados en las Islas. Concretamente, lo ocurrido a los dos esposos argentinos podría sucederles a los bolivianos, chilenos, brasileros, paraguayos, venezolanos y a los africanos.
En el caso de Argentina es inconcebible como el gobierno de ese país actúa a paso de tortuga y al día de hoy aún nadie sabe nada acerca de cuándo se abrirá la sede, que de hecho ya está adjudicada por el Govern Balear, a tenor de un convenio existente. Es increíble que uno de los colectivos con mayor presencia de ciudadanos en esta Comunidad Autónoma –casi 22 mil- no cuente con un consulado.
Los gobiernos de los países que no tienen consulados en las Islas esgrimen argumentos carentes de valor como “hay cosas más importantes que resolver”, pero desconocen las desventajas y las peripecias de sus compatriotas abocados al factor insularidad. La verdad es que hay gente en este momento que aspira al arraigo social pero muchos de ellos se exponen al tener que viajar sí o sí a la península a realizar cualquier trámite en el consulado. Desde estas líneas solo animamos a las asociaciones de los países a ejercer presión sobre los gobiernos de sus países- si es posible recabando firmas- para la apertura de consulados.
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