
| Veamos las cosas positivas de la vida (25/05/2009) |
Por Juan Pablo Blanco
En ningún momento pretendo generalizar con esta reflexión que quiero hacer, pero sí es necesario que algunas personas que se han ido de su país por diversas circunstancias, comprendan de una vez por todas, lo imprescindible que es aceptar con respeto las costumbres de la tierra de acogida.
Me refiero concretamente a la falta de actitud de algunas personas para entender que están lejos de su tierra y que nunca aportan iniciativas positivas; van por la vida renegando de todo lo que se cruza por su camino. No les gusta nada, no se acoplan absolutamente a ninguna situación y su filosofía de vida gira siempre en torno a la protesta y al reclamo.
Desde estas páginas siempre hemos abogado por los derechos de las personas que, aunque no tengan su situación en regla, son seres humanos que merecen respeto y consideración. No obstante, debemos ser conscientes que también como ciudadanos en un estado de derecho, no estamos exentos de cumplir a cabalidad con los deberes que están consagrados en la constitución española.
El hecho de estar atravesando una difícil situación personal, no nos da derecho para que perdamos la compostura y pisoteemos de forma grosera todo lo que está a nuestro alrededor. Pronunciar frases como “hágame el favor”, “tenga usted la gentileza” o incluso –aunque suene elemental- saludar dignamente a alguien no nos va a menoscabar nuestro orgullo como seres integrales, por el contrario nos engrandece como personas.
Tampoco sobra recodarles a los “amigos internautas”, ya lo he manifestado en varias ocasiones, lo inmoral y peligroso que resulta enviar correos masivos poniendo a parir al “vecino de la esquina”. Es hora de que la gente sepa que esto es denunciable, nadie tiene la autoridad para entrometerse en la vida particular del otro, ni mucho menos de achacarle motes o epítetos burlescos a quien se está descalificando.
Lógicamente que podemos estar en desacuerdo con algo, y expresar esa discrepancia con respeto y altura; pero lo que no se debe hacer es arremeter sin miramientos ni clase las 24 horas del día contra las personas o las situaciones que se nos presenta en el camino.
Cuando llegamos a otra tierra, en condición de inmigrantes debemos tener en cuenta que somos nosotros los que nos debemos acoplar a las situaciones del nuevo entorno, sin que ello conlleve que siempre tengamos que agachar la cabeza. A esas personas que se dedican a descalificar inmisericordemente los invitaría a que vean las cosas buenas de la vida y a reflexionar en lo afortunados que somos en estar en una tierra que, pese a las circunstancias, nos ofrece un modelo de vida digno.
Cada uno se labra su propio destino, nosotros mismos somos los precursores de nuestro propio presente y futuro. Las venturas y desventuras de nuestra vida están marcadas por nuestras actitudes y la conducta que apliquemos en el diario quehacer.
|
|
|