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Cuando la irracionalidad supera a la solidaridad (24/06/2009)
Cuesta trabajo asimilar que alguien medianamente sensible sea capaz de cometer un acto tan condenable como el sucedido con un trabajador boliviano en Gandía. Lo más seguro es que muchos lectores conozcan la historia de Franss Melgar, un joven sin papeles que se encontraba trabajando en una panificadora de Gandía, una localidad al sureste de Valencia.

Obviamente, al no estar regular, Franss no tenía contrato de trabajo ni estaba cotizando a la Seguridad Social. Un accidente con una de las máquinas le cortó el brazo. Su jefe al ver la situación, le trasladó unos metros antes de la puerta del hospital, pero le instó a que mintiera, es decir, a que no dijera que estaba trabajando sin papeles.

Al empresario le preocupó más que no quedara huella de esta fatalidad, y por consiguiente, no se le ocurrió “mejor” idea que tirar el brazo a un contenedor de basura, limpiar la sangre y la máquina y seguir con su producción. ¿Limpiaría también su conciencia este hombre? Después de que los médicos encontrarán demasiado tarde su brazo en un contenedor de basura, no se pudo hacer nada.

Sin embargo, lo que más impacto me causó fue la reacción por las noticias de los vecinos de estos empresarios panaderos, ambos hermanos. Algunos de ellos se empeñaban en defender a estos empresarios e incluso los calificaban de “personas honorables” y no ahorraban adjetivos descalificativos para con el joven víctima de esta calamidad.

Por muy presuntamente borracho que estuviera, por muy indocumentado que fuera o por muy conflictivo que se mostrara el boliviano, como aducían algunas personas, no hay derecho ni justificación para que predominen los intereses personales y económicos sobre la propia vida de una persona y el derecho a asistir a nuestros semejantes en una situación de estas características.

Más allá de tratarse de un inmigrante, me atrevería a preguntarle a estos vecinos qué argumentarían, si la víctima hubiese sido un amigo, un familiar, o incluso, su propio hijo o hija. Qué dirían si estuvieran en la piel de la familia de Franss o de su propia familia.

Es muy fácil mirar los toros desde la barrera y soltar de palabra una sarta de ideas y frases incongruentes. No se trata de que el protagonista de este accidente sea boliviano, español, chino, sueco, danés….

Da igual la procedencia y origen de las personas; en cambio, lo que no nos puede dar igual ni podemos aceptar es la insolidaridad de estos “hombres de negocios” a los que la justicia les tiene que caer con todo su peso.

 

 

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