
| Aprender a trabajar desde las diferencias, sin radicalismos (10/07/2009) |
Recientemente estuvo en Palma, impartiendo una conferencia sobre Derechos Humanos en Colombia, la senadora Piedad Córdoba, quien lidera el Movimiento de Colombianos y Colombianas por la Paz.
En su alocución, la también candidata al Premio Nobel de la Paz 2.009, proponía una urgente salida negociada a la violencia de paramilitares y guerrilla. Específicamente, una de sus hipótesis se basaba en el hecho de aprender a trabajar desde las diferencias por un mejor país.
Y lo remarco en negrilla, porque fue precisamente una de las frases que me llamó la atención. Sin embargo, el caso de la actual historia de Colombia ya no es fruto de una guerra de los partidos tradicionales, como antes sí lo fue. Ahora todo es consecuencia de una mezcla de intereses de grupos de narcotraficantes y delincuentes comunes carentes de ideologías o de planteamientos sociales coherentes.
Los únicos que sienten dolor en el alma y la impotencia por la falta de justicia y pérdida de valores son los centenares de colombianos a los que la violencia les ha aniquilado sus sueños.
Se trata de una disputa entre dos bandos terroristas que nada más y nada menos ha desplazado a más de 4 millones de campesinos a las ciudades, y obligado a otros tantos ciudadanos a exiliarse en el extranjero.
Tan respetable es el concepto de quienes han sido víctimas de los grupos de ultraderecha que han visto alteradas totalmente sus vidas y las de sus familias, como el de los que han caído en manos de unos delincuentes camuflados en uniformes de guerrilleros.
Así como los colombianos deben rechazar las acciones del actual gobierno de extraditar a los jefes paramilitares a USA, quienes debieron haber respondido por sus viles actos ante la justicia colombiana, también deben oponerse a los que dicen actuar en nombre de la subversión; ellos –sin duda alguna- tienen que responder ante la justicia por las atrocidades cometidas en contra de un pueblo por el que dicen luchar.
La realidad no hay que tergiversarla por el hecho de ser simpatizante de una u otra corriente ideológica. Quien escribe estas líneas tiene una excelente relación con personas de todas las ideologías y el pensamiento y el capítulo de buenas intenciones sociales –sin importar el color - debe prevalecer sobre la corriente filosófica de uno u otro bando.
Estoy seguro de que ninguno de estos buenos intelectuales de izquierda a quienes conozco comulgan con las atrocidades ejecutadas por las FARC o el ELN. Así mismo, tampoco creo que un político conservador centrado que se precie por abogar por los derechos fundamentales se acoja a las abominables teorías hitlerianas.
Finalmente los medios de comunicación deben jugar un papel imparcial ante esta delicada problemática. No se entiende cómo en Colombia gran parte de la prensa se empecina en no mostrar buena parte de la realidad de lo que ocurre, ignorando a veces las crueldades del paramilitarismo; igualmente no dejan de sorprender los titulares de la prensa local de Mallorca –el día después de la conferencia de la senadora Piedad Córdoba- en los que se aborda el problema desde una sola óptica: generalizando la alianza entre el Ejército y la Policía de Colombia con los paramilitares, sin que ello sea una justificación para ignorar también los errores cometidos por algunos núcleos de estos organismos de seguridad.
Cuando se entienda de una vez por todas, lo nocivo que resultan las posiciones extremistas, quizá se esté dando un paso de gigante para construir una paz verdadera.
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