
| Un visado para salvar una vida (22/10/2009) |
La vida de Rodrigo Aguilar puede estar en manos de los trámites burocráticos que se hagan desde su país de origen para que su hermana pueda venir a Mallorca a donarle un riñón. Por lo que nos ha dicho este joven, a quien en los últimos cuatro años le han sido amputadas sus dos piernas por causa de la diabetes, el consulado de España en Ecuador se resiste a otorgarle el visado a su hermana por no poder demostrar recursos económicos para salir del país.
Hace cuatro años, a este joven que llegó con la ilusión de triunfar y buscar un mejor porvenir, la vida le puso en el camino el difícil escollo de esta enfermedad de la que ninguna persona está exenta. La diferencia estriba en que Rodrigo es un inmigrante que se encuentra sin familia a expensas de las pocas manos amigas que entienden su complicada situación.
El informe médico diagnostica, según palabras del propio Rodrigo, un urgente trasplante de riñón y páncreas, sin garantizar cien por cien que la intervención quirúrgica llegué a buen puerto; sin embargo, por lo menos para permitir que él siga con vida es imperiosamente necesaria la presencia de su hermana en la Isla.
A la situación de Rodrigo Aguilar le hemos hecho el seguimiento desde hace cinco años. En el 2.005, Baleares Sin Fronteras inició con éxito una campaña de recogida de fondos para paliar la angustia de un joven inmigrante sin papeles –en aquella época- en la que colaboró activamente una entidad financiera; algunas asociaciones de inmigrantes y empresarios privados, especialmente, Alberto Montiel, quien se involucró activamente en esta campaña solidaria.
Rodrigo, hoy en día, recuerda el apoyo del Govern Balear, a través de la desaparecida Conselleria de Inmigración que estuvo siempre pendiente de su situación. También la implicación de la hoy ex directora de bomberos del Consell de Mallorca, María José Rodríguez y de la logística de la Fundación Reial Mallorca con el aporte de una rifa solidaria que le permitió seguir con esperanzas de vida.
Pero especialmente, rememora con gratitud la mediación del Delegado Ramón Socías, quien directamente concretó la concesión del visado en Ecuador a la progenitora de Rodrigo. En definitiva, fueron muchos los agentes sociales que se comprometieron a la causa. Y no era para menos.
Cinco años después, Rodrigo Aguilar, debe ir sagradamente cada dos días a la Policlínica Miramar para que le hagan una diálisis. Su salud ha empeorado, cuenta con pocos medios para su manutención diaria, es obvio que en esa precaria situación no pueda trabajar.
En este momento, él apela de nuevo a la ayuda de las instituciones y personas de buenos sentimientos, pero especialmente a la del gobierno español y del consulado ecuatoriano con el fin de hacerle un regate a los larguísimos y complicadísimos trámites burocráticos. Simplemente se trata de salvar una vida a tiempo y es cuestión de conseguir para su hermana. ¿Cuántas historias similares estarán en el anonimato?
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