| Mallorca |
| Volver a integrarse (13/07/2012) |
Para los niños y adolescentes extranjeros que se han criado en España, el retorno al país de origen puede ser un proceso complicado
Por Regina Cortés
Retornar al país de origen supone, en muchas ocasiones, dejar atrás las expectativas de una vida mejor. El regreso, no obstante, también tiene su lado positivo: el de volver a encontrarse con amigos y familiares y recuperar las raíces.
No sucede lo mismo, sin embargo, en el caso de los adolescentes y niños extranjeros que se han criado en España y ahora, por razones económicas, se ven obligados a partir, dejando aquí a sus amistades y recuerdos de infancia.
Para saber cómo viven este proceso, Baleares Sin Fronteras ha contactado con Esther Jacomet, maestra de Educación Especial, que ha centrado su trabajo en adolescentes con problemas de conducta. Sobre esta problemática, la docente explica que la reacción ante el retorno depende de cada caso en particular: “No se puede generalizar, porque la integración al país depende de muchos factores”, admite.
“El pasado curso tuve un alumno uruguayo de 13 años que después de seis o siete en Mallorca iba a volver a su país. Su reacción fue totalmente positiva, especialmente porque su madre y sus hermanas se habían quedado residiendo en Uruguay y llevaba años sin verlas”, relata Jacomet.
En casos como este, en los que parte del bloque familiar ha quedado en el país de origen, el retorno, afirma la experta, suele ser menos traumático gracias a la ilusión del reencuentro. También ayuda el hecho de que estos jóvenes puedan evocar su estancia en el país de origen, “situación que provoca que muchos conserven un recuerdo idealizado y positivo de su tierra”.
El problema suele surgir, sin embargo, en el caso de aquellos jóvenes que han nacido en la Isla o que vinieron a muy temprana edad, “porque, lógicamente, se sienten de aquí y todos sus recuerdos están vinculados a esta tierra”.
Su apego a Mallorca es todavía mayor, cuenta la docente en base a su propia experiencia, si se han criado en un pueblo en lugar de en la capital. “En un pueblo suele haber un único instituto, donde todos los alumnos se mezclan; en Palma, en cambio, se crean barriadas con mayor o menor índice de inmigración y hay unos cuantos institutos que concentran a todos los chavales extranjeros, lo que dificulta la integración y hace que los adolescentes sólo se relacionen con otros de su misma procedencia”.
El rechazo al retorno también suele producirse cuando la cultura de la tierra natal es muy diferente a la española –en la que al fin y al cabo se han criado los niños-, especialmente si se trata de países con “menos libertad y mayor represión”.
Con todo, e independientemente del caso particular, mantener el vínculo con el país emisor así como la transmisión del legado cultural de padres a hijos, advierte Esther Jacomet, son herramientas que facilitarán la posterior adaptación.
La actitud de los padres
La actitud de los padres a la hora de explicarles a sus hijos el motivo del retorno es también otro aspecto esencial a tener en cuenta.
“Si todavía son niños, hay que intentar explicarles la situación de una manera sencilla, adaptada a su edad; si son adolescentes, en cambio, hay que ser lo más realistas posibles, evitar los engaños y hacerles partícipes de la situación”, afirma la maestra de Educación Especial.
La misma opinión manifiesta la psicóloga Patricia Lucena Nicolau, que considera que “hay que involucrarles lo máximo posible en el proceso de retorno e intentar motivarles”.
Comenzar a establecer contactos con amigos y familiares antes del viaje, concluye Lucena, también puede ayudar a crear lazos y facilitar la integración, minimizando así el impacto del cambio.
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