“He conocido parejas auténticas que en la entrevista consular se les ha denegado la inscripción del matrimonio “

11/08/2016

No hubieran superado una entrevista consular. Con toda seguridad se hubiera creído que su amor era de conveniencia. Se conocieron  en mayo en una boda y se casaron en noviembre. Ella era amiga de la novia, y él, amigo del novio. Cuando los sentaron en la mesa, el novio le dijo: “te presento a tu pareja”. Y de allí a la celebración de su propia boda transcurrieron seis meses. Un monumental flechazo para ambos.

Nada sabían el uno del otro. Desde aquel momento tenían amigos comunes y disfrutaron de la mutua compañía en la celebración  de la boda. Empezaron las cartas. No vivían en la misma ciudad y les separaba el mar Mediterráneo. Sin emails, sin móvil, sin WhatsApp, ni Skype.

Hace poco encontré las cartas de aquellos seis meses y me decidí a iniciar su lectura. Ella era hija del práctico del puerto  y decidida como era y con familia en Mallorca, vino a visitarle. Luego se vieron en otra boda y una vez o dos más y en noviembre se casaban. 

Se habían explicado la vida en larguísimas cartas. Él le explicaba sus excursiones por la Sierra de Tramuntana. Ella sólo veía el mar todos los días ligado desde siempre a su familia.  Al tener en mis manos las misivas lo primero que pensé es que ningún hijo o nieto a partir de ahora tendría un testimonio como este, de cómo un flechazo se convertiría en un enamoramiento que cambió la vida a dos personas.

Las palabras bonitas y la vida escrita quedarían colgados en la nube y nadie sabría cómo cariñosamente se llamaban dos novios del siglo XXI. Ellos, en los años sesenta, tenían un código amoroso que ha quedado escrito con minuciosidad, con letra clara por parte de ella, la típica letra de colegio de monjas de entonces, dando muestras de que había hecho infinitas horas de caligrafía.

No lo sabían todo de los dos, por ello siempre yo le decía a ella, imposible.... no os hubieran creído en un consulado de España. Poco a poco fluían el nombre de los hermanos, los estudios de cada uno, los hijos que tenían, los nombres de las calles que transitaban en sus respectivas ciudades, sus comidas favoritas, e incluso hablaban de sus antepasados. Se comunicaban  hasta  las comidas y las compras que realizaban y los libros que leían.

Un buen día comenzaron a organizar una boda a distancia. Ahora en los consulados y en los juzgados el amor está siempre en entredicho. Todo ello es consecuencia de que el matrimonio o la constitución de una pareja estable ha sido visto por algunos como la solución a todos los problemas de irregularidad en territorio español.
Los interrogatorios son intensos y es imprescindible un mutuo conocimiento para superar las entrevistas consulares. Pero es que además no puede tomarse este asunto a la ligera, incluso existen mafias que organizan estos matrimonios y que han salido a la luz complicando la existencia a quienes no necesitaban añadir ningún tropiezo más a su vida.

Como suelo decir: casarse sólo por amor. Es verdad que en alguna revista del corazón,  escuela de matrimonios de conveniencia por excelencia aparecen muchos que se casan y se descasan sólo por una suculenta exclusiva que les deparará buenos ingresos. Y también es verdad que el código civil español no exige amor para el matrimonio. Pero para el extranjero las cosas no son así.
        
He conocido parejas auténticas que en la entrevista consular equivocaron el último regalo, o no acertaron en la comida preferida, o en el nombre de la hermana pequeña y se denegó la inscripción de su matrimonio.

        Si las parejas no se han visto en los años previos al matrimonio el convencimiento consular no se logra. No hay romanticismo consular, aquí las cosas son como son. Las denegaciones se fundamentan en muchos casos en la falta de convivencia previa al matrimonio. Y cuando se refieren a convivencia se refieren en muchos casos a convivencia marital, que en algunos supuestos choca con la práctica religiosa de cada uno.

        En fin la vida da cien vueltas. Hablando el otro día con unas amigas, una de ellas explicaba como su tío, desde Mallorca, había emigrado a Venezuela y la tramitación enorme que tuvo que hacer su tía para reunirse con él, matrimonio por poderes, papeles que iba y venían. En aquel entonces, Venezuela no la admitía sin constar el matrimonio, incluso en esa época, en España la novia, dependiendo de la edad necesitaba el consentimiento paterno.
      

Todo ha cambiado mucho, pero lo cierto es que internet ha revolucionado las relaciones interpersonales y aunque parezca increíble,  la gente genera relaciones íntimas y personales que después quiere plasmar en matrimonio, pero siempre resultan a ojos de los demás poco creíbles.

Ahora estamos todos viendo que pasa con las familias extensas y que solución legal habrá para todos aquellos que aún sin estar casados realizan la solicitud de tarjeta de familiar de residente de la Unión.

Para mis novios favoritos fue más sencillo, pero aun así sus cartas ocupan casi dos cajas de zapatos bien comprimidas. Un tesoro familiar que quedará para todos. Ellos eran mis padres.

¡Disfruten del mes de agosto! Compartir esta noticia:    



Baleares Sin fronteras (+34) 971 720 860 (+34) 655 207 019