¡Una paz con muchas dudas!

30/08/2016

A pocas horas de enviar esta edición a imprenta la noticia portada de muchos de los periódicos del mundo, se centra en el acuerdo de paz sellado entre el gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC, tras décadas de una guerra que se ha cobrado la vida de miles de personas, y por qué no decirlo, ha cercenado la infancia de centenares de menores que han sido reclutados por los subversivos para fortalecer sus varios frentes de combate.

En Europa, incluso, los partidos de la izquierda radical que defienden a capa y espada los conceptos de justicia social, equidad e igualdad, poco o nada se conoce del conflicto que durante décadas hemos sufrido los colombianos. Es muy fácil desde la distancia, sin haber sufrido en carne propia, lanzar opiniones a priori sin tomarse el trabajo de averiguar el origen, el desarrollo e intereses que han marcado esta guerra con el transcurrir del tiempo.

Incluso, hablando hace un par de meses con un destacado líder de la izquierda de Baleares, tras haber compartido una comida, me admitía no sentir representado sus ideales por un grupo de violentos que con el transcurrir de los años se han convertido en cómplices del terrorismo mundial, que hoy por hoy azota a nuestros vecinos de Europa y ojala nunca toque la puerta de nuestra propia casa.

Estas líneas por lo general las dedico a temas actuales de Baleares de inmigración que nos compete, pero ante la importancia de la noticia, no puedo dejar de sustraerme a entregar mi opinión por muy equivocada que parezca, pero al fin y al cabo con conocimiento de causa gracias a la experiencia que marcaron mis primeros años en el periodismo en el que tuve que contar para radio o escribir para prensa sucesos teñidos de sangre que enlutaron miles de hogares.

De lo que poco o nada se conoce en Europa del conflicto interno que se maneja en Colombia es que las personas que hoy representan a un puñado de guerrilleros en Cuba, no son más que unos individuos que han sacado tajada del negocio del narcotráfico en Colombia con grandes y avanzados laboratorios de cocaína en medio de la selva colombiana. La guerrilla hace tiempo atrás dejó esos conceptos románticos de justicia social que algunos erróneamente manejan en Europa.

Recuerdo con estupor ante la impávida mirada de algunos gobiernos, en Dinamarca como una compañía de camisetas se dedicaba a venderlas con leyendas alusivas en apoyo a estos grupos que han sido protagonistas directos de la tragedia de millones de colombianos.

Es un secreto a voces que los negociadores de Cuba no representan los intereses de todos los frentes de las FARC y que varios de ellos con poder militar ya han expresado su rechazo a los acuerdos planteados en La Habana. Simplemente porque el negocio se les acaba, y ya sabemos a qué negocio me refiero.

Si bien cada quien es libre de expresar lo que piensa, es molesto para los colombianos que hemos vivido in situ el flagelo del terrorismo, leer tantas sandeces juntas. Obviamente esta tragedia que afrontamos desde décadas atrás se complementa con el surgimiento de los grupos de extrema derecha que también han dejado su huella del luto en millones de hogares, además de la corrupción dentro de los altos estamentos, entre ellos los de justicia y el propio Congreso donde durante más de un siglo de historia han entrado roedores de todos los colores políticos que se han dedicado a saquear las arcas del erario público, cualquier parecido de lo que sucede en España es coincidencia.

Con el transcurrir de los años me gustaría escribir otras líneas reconociendo mi equivocación y celebrando la paz definitiva, me encantaría estar errado, pero visto lo visto, y con la impunidad que se avizora será muy complicado que se selle la paz que todos anhelamos. Millones de delitos de lesa humanidad se quedarán en el baúl de los recuerdos y los hechos hablaran por sí solos.
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