Síndrome del Emigrante con Estrés Crónico y Múltiple o Síndrome de ULISES.

09/11/2016

Al comenzar la nueva vida de un inmigrante también pueden surgir miedos que  bloqueen y dificulten la adaptación en el país de destino: Miedo a lo desconocido, temor a no lograr nuestros deseos como encontrar trabajo o conocer nuevas personas, miedo a cambiar nuestra forma de ser o miedo al rechazo o a la imposibilidad de integrarse en la nueva cultura. Además pueden ser varios los sentimientos que aparezcan:
Sentimiento de soledad: La separación de los seres queridos puede provocar en los momentos más difíciles. La persona puede sentir un vacío afectivo que le es difícil de soportar.
Tristeza: La nostalgia junto al sentimiento de vacío, a los miedos y preocupaciones, provocan ideas de incapacidad y de falta de valor (sufriendo una pérdida de autoestima).
Culpabilidad:  Por haber “abandonado” a seres queridos o por creerse la causa de su propio fracaso. Puede haber una auto-recriminación por la situación actual y un arrepentimiento por la decisión tomada. A este respecto tiene mucho que ver la situación laboral, si no ha encontrado trabajo o un trabajo que le satisfaga, ya que es uno de los objetivos principales que llevan a emigrar.
Desengaño:  Las ideas o esperanzas que había puesto, pueden verse frustradas y puede sentir cierto resentimiento al lugar donde vive, entrando en una espiral de sentimientos negativos.
Trastornos psicosomáticos: Además estos síntomas emocionales suelen ir acompañados  de síntomas psicosomáticos como insomnio dolores de cabeza y de estómago, falta de apetito o exceso en la ingestión, falta de concentración o fatiga extrema.
Esa combinación de soledad, fracaso en el logro de los objetivos, carencias extremas, son la base psicológica y psicosocial del Síndrome de Ulises.
Las y los candidatos al padecer el síndrome de Ulises, que hace referencia al héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros en sus viajes. O también conocido como Síndrome del Emigrante con Estrés Crónico y Múltiple. 
Estos síntomas aparecen cuando la situación para la persona la desborda y no se ve con los recursos necesarios o  con la capacidad de afrontar lo que le ocurre una relación excesiva desde el pensamiento y la emoción con lo dejado no ayuda a adaptarse a la nueva situación, muchas veces se idealiza lo que se ha  tenido y no deja ver lo positivo del presente.
Por eso la recomendación es: Estar abierto a aprender a sumergirse y adaptarse en la nueva cultura. Es necesario no estar entre dos mundos, el anterior y el nuevo. Es necesario distinguir las cosas que dependen de nosotros mismos y las que no, esto ayudará a no frustrarse con algo que está fuera de nuestro alcance.  Emigrar puede ser una experiencia enriquecedora pero también pude ser un momento de crisis personal, saliendo a la luz aspectos que no habíamos vivido hasta esta situación, lo importante es saber afrontar este reto que realmente puede fortalecer y hacer crecer a la persona, superando estos momentos de crisis y dejando atrás aquello que le impide avanzar.
Y para concluir este artículo sd hago referencia a la frase de Fernando Del Paso: “Las distancias son tan cortas que vivir fuera del propio país ya no es lo que era veinte años antes, cuando las comunicaciones no existían o eran precarias y entonces uno sí vivía en el exilio, como una especie de inmigrante, aunque bueno yo nunca he tenido una mente de inmigrante.” 
Cecy Cruz Psicoterapias y Talleres Coaching PNL - Psicobioenergetica Equilibrio Energético y Emocional Móvil: 627699794 e-mail: cemasterpnl@gmail.com Compartir esta noticia:    



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