Delitos de segunda y tercera categoría

13/12/2016

Desde que salimos la última vez a la calle, hace quince días, estoy seguro de afirmar que ha sido unas de las peores semanas respecto a las noticias que hemos recibido. Sin duda, la información mediática ha girado en torno del trágico accidente que cegó la vida la delegación del equipo Chapecoense de Brasil, sumando a la tripulación y 21 periodistas que viajaban a Medellín a cubrir el partido de la final de la Copa Sudamericana de fútbol.
Qué podemos decir que no se haya comentado de este suceso que enluta muchos hogares en Brasil. Lo único positivo de este dolor humano, por llamarlo de alguna manera, han sido los cinco sobrevivientes y el espíritu solidario de Colombia representado en el Atlético Nacional.
Luego de leer este tipo de noticias, solo nos queda la reflexión de un sentimiento de apego por la vida y los seres queridos que nos rodean, hoy estamos y mañana no sabemos qué pueda ocurrir. Una reflexión a valorar lo que realmente amamos y apreciamos.
Posiblemente no sea el editorial objetivo ni noticioso que esperan de quien escribe, pero sí es importante hacer un alto en el camino para pensar en el sentido que le estamos dando a nuestra existencia y si merece la pena complicarnos con situaciones que en nada contribuye a nuestro avance personal y profesional.
Las muestras mundiales de solidaridad han sido maravillosas, sin importar fronteras, razas, credos o estratos sociales. No tendría que ocurrir un desenlace fatal para expresar los sentimientos que guardamos en la profundidad de nuestras entrañas. Las redes sociales son el mejor testigo del parecer de la opinión pública, y sin duda, el fenómeno llamado Facebook, Instagram o Twitter siempre han sido una muestra de los millones de gestos de hermandad.
Por otra parte, al cierre de esta edición nos enterábamos de otra terrible noticia que se ha convertido en el símbolo en estos últimos días contra el maltrato infantil. En Bogotá, un salvaje, no se podría denominar hombre, acabó con la una niña de 7 años. La secuestró, la violó y luego la asesinó. La verdad que como periodista y padre de un par de niñas, una de ellas de la misma edad, me ha afectado bastante.
No sé en qué mente cabe tanta maldad, lo único que esperamos es que para este individuo caiga todo el peso de la justicia. Incluso, las informaciones den cuenta que en ninguna cárcel los internos aceptarían compartir celda con un sujeto de estas características.
No obstante, este crimen de la niña Yuliana, me hace pensar seguramente lo de muchas personas que hace un par de meses con su voto no avalaron el proceso de paz en Colombia. A esos más de seis millones y medio de personas que votaron al “NO” los tildaron de enemigos de la paz, en las redes sociales los tacharon de paramilitares o les endosaron cierta simpatía por el expresidente Álvaro Uribe.
Después de leer los comentarios de personas que apoyan el proceso de paz en Colombia con las FARC, reflexiono sobre la muerte de niña Yuliana y los miles de crímenes cometidos por integrantes de esa guerrilla por los que nadie pagará un solo día de cárcel. Once mil niños reclutados en esa organización, les cercenaron su infancia, acabaron con las ilusiones de esas personitas en formación y nada pasa, los mismos cabecillas que patrocinaron esta infamia salen hoy en la foto con el Premio Nobel de la Paz, presidente de Colombia, Juan Manuel Santos.
No estamos en contra de la paz, ¿quién no quiere que se apacigüe la guerra en cualquier punto del planeta?, los ciudadanos de bien queremos lo mejor para nuestro mundo, no obstante, no queremos un mundo en el que los millones de crímenes como el de Yuliana quede en la absoluta impunidad. No queremos sociedades hipócritas en las que los delitos sean calificados de segunda o de tercera dependiendo de quién los haya cometido.
Compartir esta noticia:    



Baleares Sin fronteras (+34) 971 720 860 (+34) 655 207 019