¿Dónde está Cuba cuando Mallorca celebra su diversidad cultural?

Especial para Baleares Sin Fronteras

Por Yanisley Rivera Goyanes

Médico cubana

Hay países que se llevan en la maleta. Otros se llevan en la memoria. Y hay algunos, como Cuba, que uno termina llevando consigo allí donde la vida le conduce.

Mallorca es hoy hogar para miles de personas de diferentes nacionalidades y culturas. Entre ellas estamos los cubanos: profesionales, empresarios, trabajadores, artistas, emprendedores, estudiantes, familias y personas que, por diferentes circunstancias, hemos convertido esta isla en nuestro nuevo lugar de vida.

Está en nuestra manera de hablar, en nuestra música, en nuestra gastronomía, en nuestras fiestas, en nuestros negocios, en nuestros artistas y, sobre todo, en las personas. Pero hay una pregunta que me hago desde hace algún tiempo y que quisiera compartir con los lectores de Baleares Sin Fronteras: ¿Estamos los cubanos de Mallorca suficientemente unidos y organizados para que nuestra presencia cultural y social tenga la dimensión que realmente puede alcanzar?

No es una pregunta dirigida contra nadie. Es, más bien, una invitación a mirar hacia adelante. Una historia asociativa que merece respeto En Baleares existe desde hace años un tejido asociativo relacionado con Cuba. El Registro de Asociaciones de las Illes Balears recoge varias entidades vinculadas a nuestro país y, entre ellas, la Associació de Cubans de les Illes Balears, inscrita en 2002 y que figura actualmente como activa.

También aparecen otras organizaciones culturales, de amistad y de carácter social relacionadas con Cuba. Detrás de cada asociación hay personas que, en algún momento, han dedicado tiempo, esfuerzo y recursos a mantener vínculos con Cuba y a representar diferentes aspectos de nuestra identidad.

Por eso, cuando hablamos de la necesidad de una mayor participación, no deberíamos hacerlo desde la descalificación ni desde la intención de sustituir el trabajo de quienes nos precedieron.

La historia asociativa cubana en Mallorca forma parte de nuestra historia como comunidad, pero las comunidades evolucionan. También cambian las necesidades de quienes llegan, las generaciones, las formas de comunicarnos y las posibilidades que ofrece la sociedad de acogida.

Y quizá precisamente por eso ha llegado el momento de preguntarnos si podemos dar un paso más. Cuba ya está presente, sería descabellado afirmar que está ausente de Mallorca.

En los últimos años hemos visto actividades musicales, gastronómicas y culturales relacionadas con nuestro país. En 2024, por ejemplo, desde la regiduría de Interculturalidad del Ayuntamiento de Palma, participaron en una Fiesta de Danzas Cubanas celebrada en el Parque de Sa Riera.

En 2025, el Centro Cultural Flassaders acogió Expoasere, una muestra de arte contemporáneo cubano organizada por la Asociación Cultural Cubana Latinoamericana en Baleares con apoyo del consistorio palmesano a través del área de Interculturalidad.

También hemos visto cómo la gastronomía, la música y el emprendimiento de las comunidades latinoamericanas han ido ganando espacio en diferentes encuentros celebrados en Palma. Por tanto, el problema no es que Cuba no esté presente.

Quizá el verdadero desafío sea otro, concretamente que esa presencia no aparezca de manera aislada, sino que pueda convertirse en una comunidad más conectada, participativa y capaz de generar proyectos propios.

Tenemos talento. Nos falta encontrarnos más y podemos hacer muchas preguntas alrededor del rol de los cubanos en IIles Balears. ¿Cuántos médicos cubanos ejercen o intentan ejercer su profesión en Mallorca?,¿cuántos empresarios y autónomos?, ¿cuántos músicos, bailarines y artistas?

¿Cuántos cocineros y profesionales de la hostelería?, ¿cuántos profesores, ingenieros, abogados, informáticos y trabajadores de diferentes sectores?, ¿cuántos jóvenes cubanos o hijos de cubanos están construyendo aquí su futuro?

Probablemente sean muchos más de los que vemos juntos en una misma fotografía. Y ahí está, en mi opinión, una de las grandes oportunidades. Tenemos una comunidad con talento, pero todavía demasiado dispersa.

No necesitamos que todos pensemos igual, o que todos tengamos la misma historia. Mucho menos necesitamos convertir una asociación en una estructura política. Necesitamos encontrar aquello que nos una, una asociación no debería ser una isla, y es que cuando hablamos de crear comunidad, la palabra “integración” es fundamental.

Integrarse no significa renunciar a nuestras raíces, y tampoco significa pretender que Mallorca se convierta en Cuba, significa compartir. Es importante que las instituciones encuentren en nuestra comunidad un interlocutor dispuesto a colaborar. El propio Ayuntamiento de Palma ha destacado públicamente el papel de las asociaciones de personas migradas como interlocutoras de sus comunidades y como agentes importantes para facilitar el acceso a derechos, la participación y la convivencia.

La futura comunidad cubana que muchos imaginamos no debería limitarse a organizar fiestas. La cultura puede ser el punto de partida, pero no el punto final.

Podríamos hablar de encuentros entre empresarios cubanos y mallorquines, exposiciones de artistas, jornadas gastronómicas, encuentros profesionales, actividades para jóvenes, talleres, iniciativas de formación y proyectos de cooperación cultural.

También podríamos abrir espacios para conversar sobre nuestra realidad. Porque ser cubano en Mallorca no significa únicamente bailar, cocinar o escuchar música cubana.

Ser cubano significa tener una historia que incluye a quienes llegaron por razones económicas, familiares o profesionales, a quienes emigraron buscando nuevas oportunidades y también a quienes mantienen una preocupación profunda por la situación social, económica y política de Cuba.

Podemos hablar de ello con respeto y defender los derechos humanos y las libertades fundamentales. No importa si tenemos diferentes opiniones políticas. Lo fundamental es que seguimos siendo cubanos.

Una asociación no tiene que pensar por sus miembros, y en ese orden de ideas, creo que a todos se les debe dar un espacio participativo. En definitiva, la política no debería dividir lo que la cultura puede unir

Este punto me parece especialmente importante. En una comunidad tan diversa como la cubana, las diferencias políticas son inevitables.

Hay cubanos que mantienen determinadas posiciones respecto al Gobierno de Cuba y otros que tienen opiniones completamente diferentes. Hay quienes participan activamente en el debate político y quienes prefieren mantenerse al margen.

Por eso, cualquier proyecto asociativo serio debería tener unos principios claros —respeto, pluralidad, convivencia, derechos humanos, libertad y participación— sin convertirse en la extensión de ningún partido político.

Las puertas deben estar abiertas.

Si conseguimos que un médico, un músico, un empresario, un trabajador de la hostelería, una estudiante o una madre cubana puedan sentarse en la misma mesa para hablar de lo que podemos hacer por nuestra comunidad, ya habremos conseguido algo importante.

No se trata de competir, la idea es sumar. Si algún día nace una nueva asociación cubana en Mallorca, no debería hacerlo para competir con las que ya existen.

Deberíamos preguntarnos qué proyecto podemos construir juntos. No deberíamos pretender hablar en nombre de todos los cubanos. Tendríamos que trabajar para que cada vez más cubanos tengan voz.

Nuestra comunidad gana cuando deja de encontrarse solamente de manera ocasional y empieza a construir proyectos comunes. Quizá esta columna sea, simplemente, una reflexión, o sea el comienzo de una conversación que hacía falta. No pretendo tener todas las respuestas. Pero sí tengo la convicción de que los cubanos de Mallorca podemos hacer mucho más juntos.

Podemos estar presentes en las actividades interculturales de la isla y aportar nuestras tradiciones y, al mismo tiempo, aprender de las mallorquinas y de las demás comunidades que conviven aquí.

Podemos construir puentes con las instituciones, con las asociaciones, con el mundo empresarial y con la sociedad civil. Podemos ser cubanos sin dejar de ser mallorquines de adopción.

Mallorca nos ha abierto un espacio para vivir, ahora nos corresponde a nosotros ocupar ese espacio con responsabilidad, participación y generosidad. Posiblemente haya llegado el momento de dejar de preguntarnos por qué los cubanos estamos tan dispersos.

Debemos empezar a preguntarnos: ¿qué podríamos conseguir si nos uniéramos alrededor de todo aquello que sí nos une? Cuba está en cada cubano que trabaja, emprende, crea, cocina, canta, estudia, cuida de su familia y contribuye cada día a esta sociedad. Ahora necesitamos que esa presencia también tenga una voz colectiva, plural y abierta.

Porque quizás la próxima gran historia de los cubanos en Mallorca todavía esté por escribirse, por qué no escribirla juntos desde la perspectiva social y humana por quienes residimos en este bello lugar del mediterráneo.

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