
No puede ni más faltaba, abstraerme a la preocupación que me causan todas esas manifestaciones de odio y repudio hacía lo diferente, afortunadamente este país es hospitalario, e incluso tengo amigos contrarios en ideas- no en ideologías polí-ticas- quien me conoce, sabe que me repugnan los extremismos como si son derechas o de izquierdas, sin embargo seguirán siendo mis amigos o buenos conocidos, jamás los satanizaré por pensar distinto a la realidad que percibo, cada uno un mundo aparte, y no por ello dejaré de tratarles o negarles el saludo. Haciendo apología a la ética profesional de esta invadida y maltratada profesión de periodismo, siempre me ha gustado aplicar el sentido común que es el más común de los sentidos. Puedo errar, equivocarme, lanzar opiniones de las que luego posiblemente deba retractarme o confrontar las fuentes para emitir una opinión, pero lo que no se debe caer es en utilizar los perfiles de las redes sociales para repartir odio y resentimiento a diestra siniestra con el objetivo de conseguir un voto. Todo es fácil de manipular cuando se entra en campaña electoral, especialmente la mentalidad del ciudadano inconforme y vulnerable que se cree todo cuanto le dicen. Vender lo negativo es lo más fácil, proponer e idear se ha vuelto misión imposible. El desprestigio en la política es el común denominador y ni pensar en elogiar una buena acción de quien está al otro lado de la orilla. También soy ciudadano del mundo y estoy de acuerdo que la justicia sea implacable con quienes vayan a delinquir a una sociedad que los acoge, es cierto que no pueden pagar justos por pecadores, y en este caso es mucha la inmigración que se mueve por el mundo. Los flujos constantes de personas de un lado a otro nos son exclusivamente de España, ni se puede poner estereotipos a las personas por ser de una nacionalidad diferente, es simplemente que se politizan las nacionalidades para sacar redito electoral, cuantas peores sean las noticias del incremento de la inseguridad, peor es la propaganda, y notorios se hacen los discursos populistas y demagogos que solo buscan el oportunismo político. La inseguridad ciudadana nos afecta a todos, y las leyes deben ser más rigurosas, pero también no se puede de un momento a otro mirar por el retrovisor a las personas que practiquen otro credo o tengan costumbres diferentes, el propio catolicismo lo está viviendo en sus carnes con la prohi-bición de Netayanhu en Israel de impedir a la máxima autoridad católica oficiar la misa de Do-mingo de Ramos en el Santo Sepulcro, aunque al cierre de esta edición se haya retractado y hubiese dado permiso a estas celebraciones. Desde que llegué a este país siempre se ha practicado el ramadán, sin ningún misterio y sin es-candalizarse de nada, pasaba desapercibido, y ahora parece que fuera algo del otro mundo. La in-mensa comunidad judía tiene sus sinagogas en Sudamérica y en todo el mundo y nadie lo saca de contexto. No se quede extraño tiene el ramadán de ahora al de hace 25 años, o qué diferencia hay en la procedencia de los negocios de Pere Garau o la Plaza de las Columnas de ahora a los de hace dos décadas y media, siempre han sido regentados en su inmensa mayoría por inmigrantes, de cuál invasión se habla, o dónde está la novedad, sencillamente los nativos negociantes se quieren dedicar a la venta o al alquiler de sus locales. No todo lo que brilla es oro, ni los que vienen de afuera vienen a aprovecharse del Estado, que entre otras cosas, aquello de las paguitas o ayudas, no es para quienes no cotizan a la Seguridad Social o no pagan impuestos, es una ecuación que nunca me ha cuadrado por los imposibles re-quisitos que se tienen que cumplir para acceder a ellas. En otro orden de ideas, sería ideal que el mundo se acordara de Cuba, que ya ha tocado fondo, conozco de cerca la situación y el sufrimiento de las familias residentes en Mallorca, que observan a la distancia como su país se muere por culpa de una dictadura que tiene sumida en la pobreza y represión a su gente escudándose en un bloqueo que solo ha existido para los del pueblo y no para quienes gobiernan.





