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miércoles, agosto 10, 2022
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    Editorial 400: Y llegamos a las cuatrocientas ediciones con algunas reflexiones

    Se dice rápido cuatrocientas ediciones desde que circulara en octubre del 2003 la primera edición de Baleares Sin Fronteras. Cuántas cosas han pasado, anécdotas que contar y cambios a la vista en los movimientos migratorios de Baleares desde aquel entonces a la fecha.

    Personajes de todos los ámbitos que han desfilado por las páginas de esta publicación quincenal. De la inmensa mayoría hemos aprendido el valor del progreso, las ganas de ir poco a poco sembrando reconocimiento con su trabajo para que, hoy por hoy, sus descendientes recojan el fruto de lo que se ha hecho con templanza y sacrificio.

    El verbo emigrar también se conjuga fácil, sin embargo, la inmensa mayoría que lo ha experimentado sabe en carne propia lo difícil que es desprenderse de lo que se lleva en lo más profundo de las entrañas.

    Por eso, desde el nacimiento de esta publicación siempre tuve claro proyectar lo mejor de quienes, como yo, llegan de otras latitudes geográficas del planeta a abrirse camino en busca de una vida prometedora de ilusión. A muchos lo que su país de origen les ha negado, otro feudo adoptivo como este esplendoroso lugar del mediterráneo les ha permitido mirar la vida desde otra perspectiva esperanzadora.

    Nunca me he avergonzado decir que soy inmigrante, pues eso no me hace menos que nadie, por el contrario, quienes tienen el privilegio de haber viajado para conocer e interactuar con otras culturas sabe lo enriquecedor que es el aprendizaje de costumbres diferentes.

    Por ese motivo, nunca me ha dejado de repugnar cuando en los medios de comunicación, los graduados en facultades de periodismo o los empíricos, encasillan a la inmigración en la sección de sucesos. Claro está que ciertas realidades no hay que taparlas, pues no es un descubrimiento, que los delitos no tienen nacionalidades, además no faltan quienes se cuelan en las fronteras para escoger los derroteros equivocados de la delincuencia, y eso nos perjudica a todos.

    Pero también es evidente que en estos tiempos las noticias positivas poco venden, aún más con el surgimiento de las redes sociales y blogs de dudosa reputación, la guerra de la inmediatez empuja al amarillismo creando en la opinión pública un inmediato rechazo hacía lo diferente.

    Nunca he sido amigo de los extremos, y menos en el caso de la inmigración, un tema utilizado por algunos vendedores de marketing para demonizarla y abrir espacios de enfrentamientos con el fin de captar votos, o también, por qué no, los de la otra orilla, cuyos discursos buenistas en la práctica no corresponden a crudas realidades sociales que están a la vista de todos.

    Simplemente para exponer un ejemplo: al día de hoy en España perfectamente pueden haber más de 500 mil inmigrantes en situación administrativa irregular. Dentro de esta estadística, Baleares puede llegar a sobrepasar la cifra de 20 mil. Lo peor de todo, es que una gran parte de este gran total ya ha cumplido los tres años para optar al arraigo social, y por consiguiente, a una regularización administrativa.

    No nos llamemos a engaños. Es gente que no va a regresar a sus países de origen y trabajan en la economía sumergida. Lo lógico es que a estas alturas ya se hubiese llegado a buscar una fórmula que, incluso, beneficiaría a la sociedad de acogida, aclarando, que este tipo de medidas no equivale a dar “papeles para todos”. Es reconocer un tiempo de arraigo y facilitar, hoy por hoy, a los empresarios ofrecer contratos de trabajo, al mismo tiempo se exige la imperiosa readaptación las oficinas de extranjería con recursos técnicos y aumento en la plantilla de personal, bastaba citar este sencillo ejemplo.

    Esperemos un 2022 con salud para toda la gente que nos ha seguido en estos cuatro centenares de ediciones. Esperemos la extinción definitiva del bicho traidor. Gracias a todos los lectores, anunciantes, líderes del tejido asociativo y personas sinceras que, desde sus cargos institucionales de responsabilidad han trabajado en políticas reales de integración y una buena convivencia en pro de las diferentes comunidades residentes en Baleares.

    Desde Baleares Sin Fronteras agradecemos a las personas que aún están entre nuestros colaboradores y a quienes en algún momento hicieron parte de una idea forjada hace 18 años.

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