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jueves, diciembre 8, 2022
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    Superar el duelo migratorio: una necesidad de las personas que huyen del conflicto de Ucrania

    Cualquier momento de crisis personal que conlleve algún tipo de pérdida arranca una serie de fases de duelo que van desde la negación, el enfado y la depresión, hasta la aceptación e incluso el aprendizaje de lo ocurrido. Aunque con la pérdida de seres queridos, el duelo está muy reconocido, no es sólo con los acontecimientos relacionados con la muerte se pasa por este proceso de duelo; así, las personas que han sufrido una pérdida de algo que les importa, cuanto más importante es para uno o una misma, el duelo se vuelve más severo y emocional.

    Cuando se abandona un país se origen, y una persona se aleja de sus raíces, y todo lo que hasta ese momento era su vida cotidiana, se vive en una situación de pérdida que provoca la necesidad de traspasar un duelo migratorio, el cual se podrá superar en un periodo de tiempo mayor o menor dependiendo de la capacidad de resiliencia y la ayuda que se reciba tanto del entorno, como de profesionales. Además, “es muy importante tener en cuenta las diferencias individuales de cada persona, que no tiene por qué sentir lo mismo que otra”, recuerda María Abengózar, responsable del servicio psicológico del Programa de Protección Internacional de Cruz Roja, “y la importancia de una mirada transcultural en todo lo referente a la salud mental, que nosotros entendemos con una visión occidental pero que puede no ser compartida por otros países y culturas”, por lo que se debe integrar en el abordaje psicológico.

    Como en otros duelos, las fases de negación, resistencia, aceptación y restitución están presentes en todas las personas que salen de su país de origen y pasan por este proceso, como ocurre con las desplazadas por el conflicto en Ucrania. Como en otros duelos, lo normal es vivir el proceso con todas sus fases, es decir, se debe normalizar el proceso porque “en sí mismo no es patológico; al revés, es necesario adaptarse a la nueva realidad a la que se enfrentan”,

    Las personas que ahora llegan al país (más de 55.000 hasta la fecha) y que son atendidas por Cruz Roja, son asesoradas jurídicamente, atendidas en sus necesidades básicas, pero también escuchadas por voluntariado de atención psicosocial que les ayuda a gestionar sus emociones y lidiar con lo que están viviendo. Así, aunque muchas de ellas llegan a España aún en fase de shock, en la que aún no controlan el idioma, o desconocen incluso la gastronomía, la sensación de desorientación es contrarrestada por el voluntariado de Cruz Roja que les ofrece información y herramientas para no estancarse en ese momento.

    Enfrentarse a la realidad de aprender un idioma, aprender nuevas costumbres y rutinas, el funcionamiento de la administración o la economía, y adaptarse a nuevos sistemas educativos o sanitarios suponen un reto en el que Cruz Roja ayuda día a día a día a quienes tienen estas necesidades. 

    La formación, el acompañamiento, y sobre todo la labor psicosocial y psicológica con las personas que llegan huyendo del conflicto son primordiales para que las costumbres, la nueva gastronomía y el entorno formen parte de una nueva vida.

    Dependiendo del perfil de cada persona, su situación personal y vivencias, y el propio estado psicológico, la capacidad de resiliencia en cada caso varía, lo que hace posible que algunas personas vayan a atravesar este proceso de manera rápida, y otras personas, necesiten incluso años para poder salir. Lo importante, eso sí, es “no quedarse estancadas en una fase del duelo”, y para ello, el trabajo de salud mental es muy importante. Además, una característica importante de este duelo es que “lo perdido” no desaparece físicamente, por lo que cada vez que existe un nuevo contacto con lo que se dejó atrás se pueden revivir y reactivar los sentimientos, y por tanto, se cae en el riesgo de volver hacia atrás en el proceso, o incluso pasarlo de nuevo.

    La atención con personas refugiadas llegadas de Ucrania, que comparten origen y vivencias, conlleva que se puedan organizar pequeños grupos trabajo, como terapias de grupo, o talleres, lo que les facilita a superar, a nivel individual pero acompañados por sus semejantes, este duelo. A esta atención, además, se le suma toda la ayuda a título individual y seguimiento de cada caso y persona.

    A este duelo migratorio se le une la posibilidad de aparición del Síndrome de Ulises, un cuadro emocional que viven las personas que han tenido que dejar atrás el mundo que conocían en situaciones extremas y que sufren millones de personas en el mundo. Aunque en muchos casos la migración es la solución para un problema que vive la persona en su lugar de origen (la falta de recursos, empleo, o red social), no es un proceso sencillo. Para quién migra a otro país, su realidad se transforma por completo, máxime cuanto mayor sea la distancia con la de origen: se deja atrás a familiares y amigos, pero también la cultura, y el entorno, lo que transforma su identidad que, además, suma la vivencia, en muchos casos, de un viaje de riesgo, amenazado por las mafias o en soledad. Adaptarse a una nueva realidad, en ocasiones, supera la capacidad de la persona, lo que hace necesario prestar especial atención a las necesidades y emociones de quienes se encuentran en esta situación, para evitarlo. 

    Toda la situación migratoria, además, se vuelve más complicada cuando coexisten dos factores: la vulnerabilidad, y un entorno de acogida hostil. La persona migrante, al tener que afrontar tantos cambios a la vez, tiende con frecuencia a sentirse abrumada e insegura, y a adoptar actitudes regresivas (más infantiles, menos autónomas), convirtiéndose en más dependiente, mostrando su frustración y dolor con quejas sin fundamento”, y sobrevalorando a los líderes.
    Además, el duelo migratorio es transgeneracional: no se agota en la persona inmigrante, sino que continúa también en sus hijos e hijas y podría continuar en las siguientes generaciones si las personas migrantes no llegan a ser ciudadanas de pleno derecho en la sociedad de acogida, de ahí, que sea muy importante tratarlo con la importancia que requiere. 

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