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jueves, junio 30, 2022
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    La historia de Lázaro Lucio que tras superar duras pruebas de fuego se ha convertido en un destacado abogado

    Baleares Sin Fronteras: ¿Qué opina de las reacciones de la gente tras tu entrevista en la que cuenta su historia de vida?

    Lázaro Lucio: Me puse muy feliz porque creo que había más de 200 o 300 comentarios, en los cuales solo unos 10 eran de personas que no merecen que les conteste, además sus argumentos carecían de sentido común.

    De todos modos, contesté a dos, pero en todo momento manteniendo las formas. Siempre hay que responder con respeto, aunque mucha gente no se lo merezca.

    Por otra parte, me quedé muy feliz al ver que el objetivo principal del artículo se cumplía. A pesar de que soy una persona reservada a la que no le gusta exponerse, sí que me gusta ir contando pequeños detalles de mi vida si sirve a personas que han pasado por una situación similar, o incluso, si necesitan leer una historia de motivación.

    BSF: Ciertos comentarios dolían, pareciera que algunos piensan que los llegados en unas condiciones difíciles no pueden superarse. Les cuesta creérselo…

    L.L.: Por eso tenemos que aprovechar momentos como este, en el que Baleares Sin Fronteras desde hace décadas da a conocer historias de mucha gente que se busca la vida de manera honrada. Por eso hay que agradecer a los medios que nos ayudan y nos abren las puertas a narrar nuestra historia y la cuentan tal y como son.

    A día de hoy solo se tienen en cuenta los hechos negativos y esto mucha gente lo malinterpreta. Pero también hay medios como BSF que se preocupan por los inmigrantes en general. Me llama la atención que este periódico tiene un equipo de fútbol federado que apuesta por la integración.

    Lázaro Lucio de Oliveira en su despacho.

    BSF: ¿Cómo fue el sacrificio que hizo para entrar a la Universitat de les Illes Balears (UIB) y sacar adelante su carrera?

    L.L.: Hay que remontarse al 2006, cuando llegué a Mallorca. Soy un afortunado porque arribé a España, no por hambre, sino por opción. En ningún momento me victimicé. Y fue justo dos años antes de que estallara la grave crisis económica que vivió este país, y a partir de ahí tuve que reinventarme. Tras una experiencia negativa en Madrid, decidí volver a Mallorca, y como estaba sin papeles, decidí junto con otros compañeros montar un grupo de artistas callejeros para trabajar con las acrobacias y ganarme la vida.

    Durante los primeros años teníamos autorización por parte del Ayuntamiento de Palma, y más adelante, por cuestiones políticas no nos renovaron el permiso, pero ya teníamos arraigado el arte callejero. Todo esto lo compaginé con las clases en la escuela.

    Años más tarde tuve la oportunidad de abrir mi propio gimnasio, en el que daba clases de capoeira y Jiu Jitsu.

    En 2012 conocí a la madre de mi hijo, a mi ex mujer, y como ella sabía que me gustaba estudiar, y que lo había hecho en Brasil, me ayudó. Llevaba muchos años sin estudiar, a lo que se sumaba el idioma (el catalán) y otra realidad educativa a la de mi país. Por tanto, ella me ayudó con el temario, y también haciendo las tareas domésticas con el niño, para que yo tuviera el tiempo de ir a la universidad y de realizar mi trabajo.

    Me centré en los estudios y los terminé en tiempo y forma. Los cuatro años de grado, un año de máster con matrículas de honor, trabajos de investigación paralelos, prácticas voluntarias. Me preparé en la forma que entendía, es decir que tenía que estar un paso por delante de los demás, al no tener ningún pariente abogado.

    BSF: ¿Qué opina de todas las personas que están sin papeles, que no pueden regularizar su situación y cómo está la Oficina de Extranjería de Palma?

    L.L.: Hay que empezar haciendo una crítica constructiva a la Ley de Extranjería, ya que es una ley arcaica, que no cumple con lo que establece el artículo 3 del Código Civil, que dice que la ley debe pro mover el espíritu y finalidad de la misma, que es la integración, es decir, el ejercicio de los derechos y deberes del inmigrante.

    Es inaceptable que los tres meses que establece la norma para la resolución de los expedientes, por los motivos que sean, se alargue a ocho meses y casos de hasta un año. Todo esto complica al propio interesado y también a un empresario que no puede esperar todo ese tiempo para contratar a esa persona.

    La Ley dice 90 días, pero no se cumple. Pasado ese tiempo, cuando se presenta un recurso, o que la Administración resuelve, requiere al interesado que aporte la documentación que se entregó en su momento pero actualizada. Lo que pasa en estos casos es que el empresario ya ha contratado a otra persona, o ya no le interesa, y por tanto, se queda nuevamente en situación irregular generando una carga para los servicios sociales que repercute en todos los ciudadanos.

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