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viernes, marzo 1, 2024
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    Valeria, una joven colombiana que lleva cinco años indocumentada por falta de la autorización paterna para fijar su residencia en Mallorca

    Por Ivis Acosta Ferrer

    El caso de Laura Alejandra Bustamante y su hija Valeria es, a todas luces, complejo, esta joven colombiana emigró con su retoño desde su natal Medellín hace nada menos que un lustro y desde entonces no ha podido regularizar la situación de la menor al no contar con la autorización del padre para el cambio de residencia permanente. Debido a esto, la joven, que está a punto de cumplir los dieciséis años, lleva cinco residiendo en España sin otro documento que su pasaporte.

    Pese a ello, ha podido escolarizarse y llevar una vida bastante normal, aunque con limitaciones en cuanto a la movilidad, en tanto que su progenitora, que es madre soltera, se ha visto imposibilitada de acceder a la renta mínima vital en las ocasiones en que se ha quedado sin trabajo.

    Este es uno de los muchos casos en los que la falta de la firma de uno de los progenitores dificulta la reagrupación familiar de los hijos, acarreando como consecuencia la imposibilidad de acceder a servicios como la sanidad o el descuento de residente.

    “Llegué aquí porque mi entonces pareja de Medellín llevaba ya unos meses y me convenció de venir. Viajé con mi hija porque tenía clarísimo que sin ella no vendría, pues he conocido casos de familiares y amigos que deciden dejar a sus hijos atrás y, por la situación que sea, pasan cinco, seis, siete años y al volver los encuentran ya mayores, no se han criado con ellos y yo la verdad sólo quise venir con ella, ya que siempre ha estado conmigo y me la llevaré adonde yo esté” – comenta Laura Bustamante, que añade: “desgraciadamente cuando llegué ya no encontré a la misma persona que se fue de Medellín y lo dejamos. Ahora ya llevo varios años sola con mi hija, trabajando mucho, guerreando para buscar el dinero con el fin de sobrevivir”.

    Graduada en administración de empresas, Laura ostenta además un FP de grado superior en secretariado sistematizado y ha hecho varios cursos de informática en Colombia.

    Asimismo posee experiencia como secretaria médica y ayudante quirúrgica en el sector oftalmológico, pese a ello, en Mallorca sólo ha encontrado trabajo como auxiliar administrativa y de comercial, sin embargo ha sido el mundo de la estética el que más puertas le ha abierto.

    “Cuando llegué conocí a una gran mujer que me ayudó mucho, me dio la oportunidad de trabajar en su salón. Ahí estuve un tiempo, pero luego vino la pandemia y ella no pudo sostener el local abierto sin trabajar. Entonces empecé a hacer domicilios con el tema de estética: cejas, pestañas, limpiezas faciales, todo tipo de servicios de estética”.

    “El problema es que ya estoy regularizada pero mi hija no, y si quiero salir del país con ella no puedo porque me falta la firma del padre, de quien no sabemos nada hace once años, lo único que conocemos es que está preso hace siete años en Colombia, pero nada más. Nunca le ha dado a mi hija nada, he estado sola con ella para todo, en Colombia intenté pedir la patria potestad y lo único que me dijeron fue literalmente, “él está preso pero no está muerto, así que todavía tiene derecho sobre la niña”.

    “Fui con un abogado y lo que me dijo es que hay que agotar el último recurso, que consiste en contactar con el padre, porque necesitan la firma sí o sí. También me habló de un notario o algo así, pero me dijo que eso era lo último. Lo primero es contactar con el padre. Y es que lo tengo muy complicado, la verdad es que me tiene muy nerviosa este tema, porque mi hija ya va a hacer casi seis años que está aquí y necesito que ella se regularice”, añade Laura.

    A pesar de llevar más de tres años en España, y de estar escolarizada, la joven Valeria no puede acogerse al arraigo social por ser menor de edad. Otra cosa será cuando cumpla dieciocho, pero para eso aún le quedan más de dos años.

    “Hace poco se enfermó y al llevarla a la Seguridad Social tuve que pagar la consulta y los medicamentos de forma particular, al cumplir los catorce ya dejaron de atenderla los pediatras y enseguida le cerraron su expediente y no tiene médico de la Seguridad Social asignado. Me han dado una cita para ir a solucionar eso, pero hace poco que tuve una urgencia con ella y tuve que pagar”, comenta.

    Y claro, añade ayudas se las han negado todas teniendo una hija menor de edad.

    “Ella está escolarizada en Baleares, soy madre cabeza de hogar, desempleada o trabajando en negro como le llaman aquí y todo me lo han negado, incluso he ido a la Cruz Roja, hice la solicitud del Resoga y no me lo han dado en dos oportunidades aunque conozco hombres solteros y sin obligaciones que cobran 500 euros al mes”.

    Como si fuera poco, Laura además tiene que cambiar de domicilio y como madre luchadora, no se desanima y se esfuerza por encontrar una vivienda digna para ella y su hija, una prometedora pianista con gran sensibilidad para el trabajo manual, y un futuro prometedor.

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