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miércoles, septiembre 29, 2021
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    Tierra de nadie: la frontera colombo-venezolana

    Por Gustavo Hernández Salazar
    *Exdiputado al Parlamento Latinoamericano

    Venezuela y Colombia tienen una frontera terrestre común de 2.219 kilómetros y una larga historia de desencuentros en torno a cómo administrar esa frontera.

    Por décadas, la República de Colombia, por obra de su largo conflicto interno, desatendió a sus fronteras, lo que hizo posible que en ellas se aposentaran todo tipo de grupos guerrilleros o delincuenciales, esto, como es fácil de suponer, ha afectado en buena medida a sus vecinos, en especial a Venezuela y Ecuador.

    Venezuela durante este largo periodo reclamó en muchas ocasiones al Estado colombiano que ocupara sus fronteras y combatiera con firmeza a los grupos irregulares que, de hecho ejercían la “autoridad “en esos territorios. Se llegó a decir, incluso, que el país bolivariano limitaba con las FARC. Por el otro lado, con la llegada en 1.999 de Hugo Chávez al poder en Venezuela, la posición frente a la guerrilla varió y se estableció una especie de pacto tácito de no agresión, lo que aprovecharon inmediatamente los grupos irregulares y es así como los bloques Caribe, Magdalena y Oriental de las FARC incluyeron a Venezuela en sus operaciones, y otros grupos alzados en armas también.

    Frontera entre Venezuela y Colombia

    Santos en el Palacio de Nariño

    El ascenso de Juan Manuel Santos en 2010 a la máxima magistratura colombiana, cambió la óptica con que la clase dirigente de Colombia- por lo menos una parte significativa de ella-, trataba el grave problema de la insurgencia y de la violencia en general, es así como el 15 de noviembre de 2012 en La Habana, Cuba, comienzan las negociaciones entre el alto mando guerrillero de las FARC y los comisionados del presidente neogranadino. Esta negociación fue cuestionada – ¿o saboteada? – por los sectores más conservadores del liderazgo de Colombia, con el expresidente Álvaro Uribe a la cabeza, que siempre apostaron a una victoria militar sobre la guerrilla con el apoyo de Estados Unidos.

    Al final, después de una larga negociación llena de tropiezos, se acordó la paz con las FARC y se abría la puerta para negociar un acuerdo similar con el segundo grupo guerrillero en importancia, el ELN.

    El regreso del “uribismo”

    El 7 de agosto de 2018 ante 4 mil invitados, entre ellos varios jefes de Estado, en la plaza de Bolívar, en pleno centro de Bogotá, Iván Duque Márquez, el delfín de Álvaro Uribe Vélez, la controversial figura que ha marcado la política colombiana en las últimas décadas, se juramentó como presidente de Colombia. El “uribismo” estaba de regreso y con él, los cuestionamientos a la política pacificadora de su antecesor, y una retórica contraria a los acuerdos de paz. Quien debía administrar el anhelado acuerdo no estaba de acuerdo con buena parte de su contenido. Mal augurio.

    «En Colombia existen enemigos agazapados de la paz»

    Desde la firma del Acuerdo de Paz , en 2016, hasta julio de 2020, han sido asesinados 971 activistas, entre líderes sociales y defensores de derechos humanos, según lo señalado en un informe el Instituto de estudios para el desarrollo y la paz (Indepaz); a esta pavorosa cifra hay que agregarle los homicidios – hasta febrero de 2021 – de casi 300 excombatientes acogidos a los acuerdos de La Habana; toda esta situación, sin dudas, trae a la memoria un anterior acuerdo de paz – el suscrito entre el gobierno de Belisario Betancur y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) – que terminó con el asesinato de miles de dirigentes – nunca se sabrá exactamente cuántos – del movimiento político Unión Patriótica, organización creada como consecuencia de esos acuerdos.

    Entre 1984 y 2003, la mayoría de los miembros de la Unión Patriótica, fueron asesinados, desaparecidos o tuvieron que huir al exilio; la campaña contra ellos fue sistemática, pero, sin embargo, nunca nadie fue encarcelado por esos crímenes, con toda la razón el ex ministro Otto Morales Benítez, ya fallecido, señaló en alguna oportunidad que “en Colombia existen enemigos agazapados de la paz”. Nunca los identificó públicamente, pero todo indica que siguen ahí.

    La división de la FARC

    Por diversas razones, políticas y eco[1]nómicas, sobre todo, el proceso de paz no pudo ser total; las resistencias de importantes sectores de la sociedad colombiana y de facciones de los grupos alzados en armas – ELN, sectores de las FARC, entre otros- finalmente afectaron el difícil camino de la paz; es así como si bien es cierto que la mayoría de los líderes de las FARC permanecen fieles a los acuerdos de 2016 y hacen vida política legal – tienen representación parlamentaria, inclusive -, no es menos cierto que importantes figuras guerrilleras no se pacificaron – alias Gentil Duarte, entre otros- o abandonaron estos acuerdo y regresaron a las armas; tal vez el caso más emblemático de estos últimos sea el de Iván Márquez, segundo a bordo en las FARC y jefe de la delegación guerrillera que negoció los acuerdos de La Habana, quien renunció a una curul en el parlamento para fundar la llamada “ Segunda Marquetalia ” y continuar con la lucha armada.

    Volvamos a la frontera

    Toda esta realidad, y la desastrosa gestión de Nicolás Maduro en Venezuela, marcan y marcarán por algún tiempo la situación en la frontera colombo-venezolana. El presidente que despacha en Miraflores, no oculta su apoyo al grupo de Iván Márquez por intereses geopolíticos y afinidades ideológicas -en su sangrienta disputa con la otra fracción de las FARC que no se pacificó, la liderada por el tal Gentil Duarte; ambos grupos asentados en territorio venezolano. Este apoyo derivó en un ataque de militares “bolivarianos” contra la gente de Duarte donde se usó la aviación, sin embargo, en esos enfrentamientos la guerrilla asesinó al menos a 16 efectivos venezolanos, secuestró 8, entre ellos un oficial superior, y 2 siguen aún desaparecidos; lo que ha provocado mucho malestar en ese país y dejó muy mal parado al generalato de Venezuela que, según se dice, tiene más generales y almirantes que los ejércitos de Francia y Alemania juntos.

    Hoy, la frontera entre Venezuela y Colombia es un escenario de mucha conflictividad, en esos 2.219 kilómetros hay de todo: narcotráfico, explotación irregular de oro, contrabando de todo tipo, tráfico de personas, secuestros y extorciones, lucha armada con motivaciones políticas, bandas criminales muy bien organizadas; algunos de esos actores son tolerados por autoridades venezolanas y colombianas y otros no tanto.

    Condenados a entenderse

    Pero, tal vez, lo peor que hay en esa frontera es el desencuentro entre los gobiernos de Colombia y Venezuela. Es, precisamente, ese desencuentro el que ha provocado el caos que existe ahora, porque hay que decir la verdad, sobre esa frontera no ejercen soberanía ni las autoridades venezolanas ni las colombianas, allí campea, eso sí, la corrupción y la ley del más fuerte. Lo que queda totalmente claro es que para superar esta lamentable realidad tendrán que entenderse en algún momento los líderes de los 2 países o ambas naciones correrán gravísimos peligros. Por ahora, esa frontera es tierra de nadie.

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