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domingo, febrero 5, 2023
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    El Gobierno cita a los sindicatos para discutir la llegada urgente de obreros extranjeros con 190.000 parados en el sector

    El de encofrador es un oficio que la burbuja inmobiliaria de 2007 convirtió en símbolo de una época. Con 700.000 viviendas anuales en marcha y obras de AVE, aeropuertos, autovías, palacios de congresos… por toda España, los sueldos de estos trabajadores encargados de la dura labor de moldear el hormigón en estructuras de edificios llegaron a 3.000 euros. El incesante ritmo de proyectos y el apremio por terminarlos llevó al mercado a valorar el oficio por encima de numerosas profesiones con formación universitaria.

    Centenares de miles de encofradores, de albañiles, pintores, escayolistas, fontaneros, electricistas, capataces… que llegaron a formar parte de un sector que empleaba a 2,7 millones de personas fueron al paro con el estallido de la burbuja. Hoy, el sector los busca para nuevas obras y no los encuentra. Ya el año pasado el paro para este oficio bajaba a ritmos superiores al 25% en las listas de los Servicios de Empleo.

    Sin embargo, más de 14.000 personas con esta formación seguían sin ocuparse, la gran mayoría -un 77%- trabajadores de los tiempos de oro de la profesión, ahora con más de 45 años. En el otro lado, no hay paro para los encofradores jóvenes. Se colocan todos y sólo un 0,65% carece de empleo. Las empresas prefieren perfiles juveniles y quieren contratar más: saben que hay más de 210.000 parados en España con menos de 25 años. Pero hace una década que la construcción, con 1,3 millones de trabajadores a día de hoy, comenzó a perder atractivo para ellos.

    Junto a la de encofrador, otras 30 profesiones ligadas al sector de la construcción han sido incluidas por el Ministerio de Seguridad Social en el Catálogo de ocupaciones de difícil cobertura, una lista de oficios para los que no hay trabajadores suficientes en el mercado laboral.

    El catálogo es una pasarela para que el Gobierno busque en otros países profesionales que vengan a ser contratados por las empresas que los necesitan. Casi 100.000 empresas de toda España están dispuestas a contratar, según una encuesta de la Fundación Laboral de la Construcción, órgano participado por las empresas constructoras y las federaciones sectoriales de CCOO y UGT.

    La cuestión es a quién se contrata y, más en concreto, si se debe dar prioridad sobre inmigrantes extracomunitarios a los casi 190.000 parados del sector en España. Aunque pueda parecer que el debate con tinte xenófobo, lo cierto es que ha sido planteado por el Ministerio de Trabajo y los sindicatos, orientado al desequilibrio social que puede generar en el mercado de trabajo la inyección extraordinaria de miles de trabajadores con una bolsa de desempleo por resolver más que al origen de esos trabajadores.

    Los costes salariales también están presentes en la preocupación sindical. Raúl Olmos, de CCOO, adelanta que se exigirá la acreditación de falta de mano de obra en las cifras planteadas y que el problema de fondo es «de condiciones laborales».

    Mariano Hoya, responsable del sector de la construcción en UGT admite falta de trabajadores pero recuerda que a la vendimia española siempre le faltan vendimiadores. «Y después se van 15.000 a la vendimia francesa porque pagan mejor».

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