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jueves, septiembre 29, 2022
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    Javier Escribano: “Cuando mueren niños abrazados a ti, piensas en la suerte con la que hemos nacido y lo poco que valoramos lo que tenemos”

    No cambiaría todo el oro del mundo por ver el rostro de felicidad de un niño. Disfruta compartiendo su tiempo libre con los chiquillos, sacrificar su propio dinero y viajar cuantas veces sean necesarias para intentar aportar su grano de arena a países donde el sufrimiento está a la vuelta de la esquina.

    Es catalán, empresario de la construcción, radicado desde los tres años en Mallorca por lo que se considera un hijo adoptivo de esta tierra. Ha viajado a Bolivia, Filipinas, Senegal y a la República del Congo, donde tiene un centro de acogida para 50 niños, varios de ellos en la pobreza absoluta viven ahí. Es consciente de las necesidades de las personas que la pasan mal en Mallorca, también tienen un armario solidario, cuyos beneficiarios son varios niños provenientes de familias pobres.

    Él es Javier Escribano, director de la Fundación Escribano. Cuenta que su primer viaje solidario fue a la India, sin embargo, a medida que transcurre el tiempo, confiesa que lo que más le ha impactado son las experiencias que ha tenido en la República del Congo. “Se nos han muerto niños en los brazos por no poder comer, a partir de ahí te cambia la vida y piensas en la suerte que tenemos en Europa, concretamente en España. Nos quejamos de todo, pero no sabemos realmente lo que es vivir el hambre y la verdadera miseria”.

    El Presidente de la Fundación no se ha podido acostumbrar a ver casos de niños que mueren desnutridos en el África, muchas familias pobres no pueden acceder al sistema de salud, incluso, recuerda la situación de una niña de tres meses de nacida que no podía salir del hospital hasta que su familia reuniera 200 dólares para pagar la cuenta. “Al final en la fundación recolectamos el dinero y sacamos a la bebé”.

    Recuerda también a otra pequeña que tenía el cordón umbilical infectado. La familia no tenía recursos para ir al hospital y se lo cortaron con un cuchillo. Así como estos hay un montón de casos.

    Javier no olvida a Daniel, un niño de 7 años que desde que nació fue abandonado por su propia familia. “Lo echaron a la calle, tenía el hígado hinchado y sus padres por ignorancia pensaban que estaba endemoniado. La realidad era que tenía una enfermedad y en el centro de acogida cada quince días le tenían que sacar líquido. Le pagamos un tratamiento y una vez estuvo mejor se lo dimos en adopción a una familia con la que compartió los momentos más felices de su vida, al poco tiempo murió”.

    Anie, es una niña también originaria de la República del Congo que sufrió un desafortunado accidente en agosto del año pasado. En este momento la Fundación está ayudándole a costear un tratamiento que le permita volver a caminar gracias a las pruebas y los tratamientos que le realizan los médicos.

    Desde Mallorca, comenta Escribano, “cada día estamos en contacto con ellos, estamos pendientes de la situación de cada niño”. Esas historias y otras muchas más son las que a diario vive en carne propia Javier Escribano y el equipo de voluntarios de su fundación.



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