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Navidades lejos de casa (24/12/2008)
Inmigrantes de diferentes nacionalidades relatan cómo es pasar unas fechas tan familiares lejos de los suyos

Por Núria Aliño Todó

Pasar las navidades lejos de casa, a miles de kilómetros del país natal, origina que muchos inmigrantes sientan en Navidad una mayor nostalgia. “La depresión navideña” por la ausencia de los seres queridos afecta especialmente a quienes pasan solos y lejos de su familia estos días tan señalados. Otros foráneos, tras establecer lazos de unión en la sociedad de acogida y reconstruir sus vidas, sienten que en Mallorca tienen todo cuanto aman, pues definitivamente el lugar ideal es aquel donde se encuentran los seres queridos.


Los musulmanes viven la parte más festiva

Mady Cissoko, originario de Mali, celebra la parte más festiva de estas fechas junto a su mujer Sitan Kante y su hija de 10 meses Marian Cissoko. En Mali, según explica Mady son principalmente musulmanes, sin embargo existe una buena convivencia con los cristianos y por lo tanto todos comparten la Navidad y a su vez festividades musulmanas como la Fiesta del cordero. La noche que más disfrutan aquí en España es la de fin de año, ya que es una celebración para todas las culturas, y les encanta comer las uvas y compartir con los paisanos el último día del año. Este 2008 es muy feliz para Mady, ya que tiene aquí a sus seres queridos, a diferencia de otras veces, que estuvo solo y triste. De cara al 2009 los deseos de Mady son de paz, solidaridad y sobretodo de mejora de la economía para que todo el mundo pueda vivir con dignidad.

Un corazón entre Uruguay y Mallorca

Karina Gordenko Méndez, de 24 años de edad, vivió en Uruguay, su tierra natal hasta los 18 años, y recuerda las navidades que pasó en su país como las más entrañables de su vida. Posteriormente se trasladó con sus padres a Mallorca llegando a la Isla en el 2003. Evoca que pronto empezó a trabajar, y en octubre del 2006 conoció a su actual pareja, Alberto Jiménez Payeras, un joven mallorquín con quien tiene una hija llamada Carolina. Junto a su marido, su pequeña hijita, sus padres y demás parientes se prepara para celebrar las fiestas navideñas; sin embargo, como ella misma manifiesta, la felicidad completa la tendría si pudiese festejarlas en el Paisito, si bien aquí se encuentran las personas que más ama en el mundo, por lo que hasta el frío de estas fechas que al principio le resultaba insoportable, ahora se ha vuelto más llevadero.

Las navidades en Uruguay eran -según relata Karina- multitudinarias, ya que se juntaban los abuelos, padres, primos y tíos para celebrarlo en su casa. Tras el aperitivo se servía la suculenta cena a base de un buen asado, pollo a la brasa, ensaladilla rusa, y finalmente helado con melocotones en almíbar, ya que el calor del verano permitía preparar ese postre. Enseguida continuaba la celebración en la calle, pues se tiraban cohetes y se brindaba con los vecinos. Otra de las costumbres que extraña es la de armar el arbolito a comienzos de diciembre con el angelito arriba del todo.

"Papá Noel aparecía de madrugada, por lo cual había que acostarse pronto, para al otro día abrir los regalos, tus papás te decían que hasta que no te durmieras no venía”, explica Karina. Por eso en su casa siempre los regalos se abrieron al día siguiente, por la mañana.

Las navidades pasadas fueron especialmente entrañables para esta joven madre, ya que coincidieron con el nacimiento de su hija Carolina. “Amo la familia que tengo, y que logré formar. Y aunque con nostalgia mire a veces al pasado, lo lindas que eran las navidades en Uruguay, lo más bonito e importante, lo tengo aquí conmigo: mi familia, mi marido y mi hijita”, concluye Karina.

El drama de la soledad

María Angelita Chipugsi, originaria de Quito (Ecuador), llegó a Mallorca para trabajar con la finalidad de darles a sus chicos un futuro mejor. Sus cinco hijos, que permanecen en Ecuador, tienen en la actualidad 28 años el mayor, 27 el segundo, el siguiente tiene 24, la niña ha cumplido 16 y el menor tan sólo 11 años. Esta emprendedora mujer se separó de su marido hace 11 once años y nunca ha contado con su apoyo, ni ella ni los hijos que permanecen en Ecuador, a quienes ha sacado adelante sola con el dinero que les envía desde España. Los hijos mayores siempre fueron muy responsables y junto con la ayuda de la tía se esforzaron por educar a los menores. En estos momentos, y tras una operación de columna, Angelita no puede trabajar y le preocupa mucho el hecho de no poder ayudar a sus niños como ella quisiera.

Las navidades que ha pasado en España han sido para ella las más tristes de su vida, pues ha estado muchos años sola, extrañando a sus hijos y lamentándose por no poder estar a su lado. De las tradiciones de su país echa de menos especialmente el año viejo, cuando se quema todo lo malo de los tiempos pasados para que el año nuevo sea mejor. Igualmente añora la novena de aguinaldos que rezaba con sus hijos, y la misa del gallo cuando se disfrazaban de ángeles, de San José, de María, y recreaban un belén viviente. “Gracias a Dios mis hijos siempre han conservado los valores que les enseñé en el corazón, y nunca se han alejado del buen camino”, comenta Angelita.

Por navidades siempre comían pavo y dulce de leche reunidos en torno a la mesa. Ante la falta de sus hijos, el drama de la soledad hace que Angelita se entristezca mucho en estas fechas. “La noche de Navidad no puedo dormir, me la paso pensando en mi familia y llorando”, explica. Pese a todo, concluye: “A las madres que como yo están solas les diría que sigan adelante con fortaleza y poder de superación, pues a pesar de las dificultades de la vida, lo más importante es darles a nuestros hijos un futuro mejor.”

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